PREGUNTA. Lo bueno de entrevistar a Cayetana Álvarez de Toledo es que sabes que siempre va a dar buenos titulares. ¿No me vas a decepcionar, verdad?
RESPUESTA. [Ríe] Intentaré no decepcionarte. Haré todo lo posible. He sido periodista y sé lo que es esto.
P. Sí, tú has estado en este lado. Estás a punto de coger vacaciones, ¿cuál es tu plan favorito en verano?
R. Pasar unos días en Menorca de sol, sal y soledad. Luego hago un viaje siempre con mis dos hijas adolescentes, que son maravillosas, alegres, inteligentes y cariñosas.
P. ¿Por qué discutes con ellas?
R. Porque intento que se despierten temprano y ellas prefieren hacerlo muy tarde.
P. A mí me pasa lo mismo con los míos. ¿Con qué político te irías de cañas?
R. Con Alejandro Fernández. Es un gran amigo al que admiro.
P. ¿Qué libros te llevas?
R. Heterodoxos de Emilia Landaluce, El cerebro en busca de sí mismo de Benjamin Ehrlich y Cointelegiencia, que es un estudio sobre la IA. En España, a la vez que expulsamos la inteligencia de la política, despreciamos la inteligencia artificial. Una necedad suicida. Mientras el mundo corre hacia una revolución tecnológica sin precedentes, nosotros seguimos atrapados en un bucle cainita, que divide la nación.
P. ¿Cerveza o tinto de verano?
R. Cerveza. Me encanta.
P. Has elegido para la foto un Dry Martini, que es el cóctel favorito de James Bond.
R. Es un cóctel mítico de tantas películas y de tantas obras literarias. Seco, afilado y verdadero.
P. Un poco como tú, ¿no?
R. Bueno, me gustaría ser así.
P. Siesta, ¿sí o no?
R. Sí, absolutamente. La siesta en el verano es de los grandes placeres de la vida.
P. ¿Georgie Dann o King África?
La barbacoa… Aunque en verano, sobre todo, Vapor Barato, de Gal Costa.
P. ¿Qué es lo peor que has comido en un chiringuito?
R. Rabas de una glaciación anterior. Aunque en España, chiringuitos incluidos, se come cada vez mejor. Mi último descubrimiento: Casa Pacheco, en un pueblecito cerca de Salamanca. Y luego está el paraíso, claro: Etxebarri.
P. Estás en una playa desierta y te encuentras con Pablo Casado, ¿qué le dirías?
R. ¿Te acuerdas de aquello que te advertí en nuestra última conversación?
P. ¿Y qué fue?
R. Bueno, que lean mi libro que ahí lo cuento.
P. Afirmas que siempre desconfías de los simpáticos profesionales.
R. Sí, los bienqueda son muy peligrosos.
P. ¿Dónde proliferan más?
R. Zapatero es el simpático profesional que ha causado estragos allende nuestras fronteras, no solamente en España, sino en Venezuela. Y ahora es el gran lobista chino, el lobista de las dictaduras. Es el hombre que acuñó el concepto de talante y acaba pisoteando y violando derechos humanos en medio planeta. O sea, cuídense ustedes de los simpáticos profesionales. Es mejor alguien antipático que te diga la verdad que un simpático que te mienta.
P. Te leo un tuit que colgó hace poco Arturo Pérez Reverte: «Si suena como que se está demoliendo un Estado, tiene aspecto de que se está demoliendo un Estado y a todos parece que se está demoliendo un Estado, no hay duda de que se está demoliendo el Estado. Cuando se acaben los conejos de la chistera no va a quedar piedra sobre piedra».
R. Estamos en un proceso de mutación: de democracia plena a democracia fallida, de una España constitucional a un Frankenstein de muñones enfrentados por agravios identitarios, económicos, fiscales y de todo tipo. Pero hay esperanza. Soy optimista.
P. Necesitamos esperanza.
R. La primera obligación de los políticos españoles es ofrecer a los españoles una esperanza realista y exigente. A los ciudadanos también hay que exigirles asumir su responsabilidad en defensa de la democracia.
P. ¿Debe dimitir Álvaro García Ortiz, el fiscal general del Estado?
R. Estoy -casi- deseando que llegue septiembre para preguntarle a Bolaños si piensa dimitir él cuando su fiscal general sea condenado.
P. ¿Te sentiste decepcionada con la sentencia del Constitucional que avalaba la amnistía de Sánchez al procés?
R. No me sorprendió lo más mínimo. A estas alturas ya nos vamos conociendo todos. Ya sé quién es Cándido Conde Pumpido y lo que ha pasado en el Constitucional. Es un tribunal degradado, dividido y politizado. Por eso es crucial despolitizar las instituciones para evitar que un Tribunal Constitucional pueda avalar un fantasmagórico ejercicio de autodeterminación y, por tanto, abrir la puerta a un futuro golpe de Estado. Si se amnistía el golpe de Estado de 2017, ¿por qué no el de 2027?
P. ¿Te imaginabas que Santos Cerdán iba a acabar en la cárcel?
R. A quien seguro que no sorprendió es a Sánchez, que lleva compartiendo intimidad política -y moral- con Cerdán desde los tiempos del Peugeot. La combinación de corrupción, prostitución y degradación en el entorno gubernamental supera las peores pesadillas.
P. La Fiscalía Anticorrupción sostiene que Santos Cerdán dirigió un eficaz sistema de corrupción a gran escala.
R. La clave que hay que entender es que todo el sanchismo está basado en una inmensa mentira. Mintieron a sus propios compañeros de partido amañando las primarias, mintieron cuando presentaron una moción de censura para acabar con la corrupción, según decían, y ya estaban robando. España necesita una vuelta a la verdad.
P. En una de tus últimas intervenciones dijiste: «Quieren encarcelar la verdad antes de que la verdad les encarcele a ellos».
R. Este gobierno solamente sobrevive en base a la mentira. Cuando la verdad aflora, Sánchez se hunde. Es un zombi con respiración asistida al que sus socios mantienen para intentar seguir vaciando al Estado. No hay un gobierno en sentido estricto. Es un gobierno que no puede aprobar los presupuestos y que no puede prácticamente aprobar leyes. Está en fase agónica en tiempo de descuento. Pueden ser dos meses o dos años, pero están acabados.
P. Pero no se van a ir.
R. Hay una salida evidente que son las urnas y es la democracia. Sánchez llegó robando las primarias y ahora huye de las urnas. Es decir, tiene pavor a la democracia porque sabe que la democracia se ha vuelto sinónimo de su derrota. Frente a ese vacío, el PP no puede limitarse a esperar. Somos el Gobierno de España en marcha. Ya no basta con prometer una alternativa; tenemos que empezar a ejercerla.
Álvarez de Toledo, en el hotel Canopy by Hilton Madrid Castellana.
P. Cuando Sánchez estaba más acorralado, saltó el caso Montoro. ¿Estás desengañada con el todopoderoso ex ministro de Hacienda?
R. Nunca me engañé. Que la justicia y la policía investiguen a fondo.
P. ¿No tenías una buena opinión de él?
R. Sobre sus modos, siempre he opinado lo mismo que Esperanza Aguirre. Otra cuestión son las informaciones aparecidas ahora, que la Justicia deberá valorar y que espero que no se confirmen. Yo me fui del PP coincidiendo con la etapa de Montoro y, como periodista de El MUNDO, seguramente alguna cosa habré escrito sobre eso.
P. La impresión que tiene la gente con todos estos escándalos es que da igual el color político porque todos los políticos son iguales y corruptos.
R. La inmensa mayoría no lo son. Y en el caso que planteas hay diferencias entre Sánchez y Feijóo. ¿Feijóo nombró a Montoro? No. Sánchez ha nombrado a Santos Cerdán, a Ábalos y está casado con Begoña Gómez. Feijóo no tiene ninguna responsabilidad sobre la trayectoria de Montoro.
P. Mucha gente sigue pensando que a Alberto Núñez Feijóo le falta punch y prefieren a Isabel Díaz Ayuso.
R. Bueno, cada español tiene su opinión sobre nosotros, que es perfectamente legítima. Unos consideran eso y otros, no.
P. Ahora Feijóo te ha llevado al Comité Ejecutivo Nacional del PP, pero no empezastéis con buen pie y tuvisteis algún que otro rifirrafe en el pasado.
R. Sí, somos distintos. No diría rifirrafe, sino unas discrepancias que cuento en mi libro. Tenemos trayectorias distintas, sensibilidades diferentes y opiniones distintas en algunos asuntos, pero hemos ido convergiendo. El Feijóo de hoy no es el mismo Feijóo que gobernaba en Galicia hace seis años. Yo creo que él mismo estaría de acuerdo con esta afirmación. No es lo mismo ser un presidente autonómico que ser el líder de la alternativa de centroderecha en España.
P. Noelia Núñez, la diputada del PP, dimitió por falsear el CV. ¿Por qué se fingen unos estudios que no se tienen?
R. No hay que fingir nada. Churchill no tenía estudios universitarios. Ni George Washington ni Lincoln. Los doctorados no equivalen a grandes políticos. Y, luego, está el debate de la verdad y la mentira. No se puede mentir en la política ni en el periodismo ni en la vida personal. La mentira debería estar proscrita. En todo caso, el principio de responsabilidad obra maravillas. Gracias a la dimisión de Noelia ha caído el comisionado de Sánchez para la Dana, que tenía cuatro currículos falseados y un diploma fake.
P. Eres doctorada en Historia por la Universidad de Oxford con una tesis dirigida porJohn Elliott. ¿No habrás mentido en el currículum?
R. No, la verdad es que no. Cuando le dije a mi añorado John Elliott hace ya unos años que iba a abandonar la penumbra de los archivos para dedicarme al periodismo, me miró y sacudió tristemente la cabeza porque le pareció una degradación. Cuando unos años después lo llamé y le comenté que había decidido dejar el periodismo por la política, casi se desmaya y me contestó: «¡Cayetana, vas cuesta abajo y sin frenos! No tienes remedio». La política es el oficio más desprestigiado, pero es el más importante porque afecta la vida de todos los ciudadanos. Es un drama que esté dominada por la mediocridad, la mendacidad y la mentira.
P. Cada vez hay más crispación.
R. Está dominada por la visceralidad y por la sentimentalización barata de la opinión pública. Ha sido tomada por el populismo, que es el atajo de los mediocres. Para movilizar al ciudadano con la razón hay que valer. Si yo mañana salgo con un megáfono y empiezo a apelar a las bajas pasiones de la gente, lo tengo relativamente fácil para galvanizar a los ciudadanos. Lo que es mucho más meritorio es movilizar con la cabeza. Mi obsesión es argumentar mis posiciones y guardar la forma y el fondo.
P. Te has mostrado crítica con el nuevo código de conducta aprobado para la prensa en el Congreso. ¿Agitadores como Vito Quiles deben seguir en las Cortes?
R. El reglamento del Congreso ya dispone de artículos que facultan a la presidenta para castigar o expulsar a cualquier persona que cause disturbios en la Cámara. La reforma que promueven la izquierda y los nacionalistas busca crear un órgano censor, inquisidor dentro del Congreso, formado por diputados que van a decidir qué periodistas tienen derecho a ejercer su labor. El PSOE ya no soporta la libertad de expresión. En el Comité Federal llegaron a quitarle la palabra a García Page, su principal barón territorial. Como para luego concedérsela a cualquier Vito Quiles. Aunque el gran artista es Rufián. Ahora va de víctima de Vito Quiles. ¿Él? Pero si forman una pareja mediática de hecho. Cada semana, una performance viral.
P. Eres muy dura en tus intervenciones. ¿Te arrepientes de haber dicho alguna vez algo en la tribuna del Congreso porque se te haya ido la lengua?
R. Es que no se me ha ido nunca la lengua. No sabes hasta qué punto cuido mis intervenciones. Yo mido cada palabra que digo. Aquel famoso debate con Pablo Iglesias…
P. Sí, en el que le dijiste que su padre era un terrorista…
R. Eso estaba perfectamente meditado. Yo pensé que si él cometía la torpeza de invocar el hecho de que yo tengo un título, le iba a recordar cuál era su título. Efectivamente, yo soy hija de un marqués, pero usted es hijo de un terrorista. Y la justicia me dio la razón porque es un hecho, no era una opinión. El gran problema que tenemos es que la verdad ha dejado de existir como valor. Entonces, son tus opiniones y tus sentimientos contra las míos. Y los sentimientos no pactan. ¿Entonces, cómo pactamos? Solamente podemos pactar e incluso discrepar civilizadamente si estamos de acuerdo en que hay unos hechos que son indiscutibles. Sin verdad no hay democracia, no hay conversación posible.
P. Apenas hay diálogo.
R. Lo que está pasando es que la conversación pública está arrasada, porque ha desaparecido la verdad y la buena voluntad, que son los dos pilares de una conversación pública. Las sesiones de control son un diálogo de besugos. Y una de las cosas que habrá que hacer en el futuro es ese gran programa de regeneración política y moral para volver a restaurar la verdad, que significa invertir en medios de comunicación, porque buscar la verdad cuesta dinero.
P. Parece algo obvio, pero qué difícil, ¿no?
R. Mira, te voy a dar un ejemplo concreto. Yo estoy bloqueada en las redes por Óscar Puente y por Javier Milei. Debo de ser eso que llaman un centrista… Bloquear es silenciar al otro. Y eso ¿por qué pasa? Cada vez se tolera peor no sólo la discrepancia del adversario, sino incluso el matiz del afín.
P. No todo es blanco o negro.
R. Además, te pasa dentro de los propios bloques ideológicos. Es inconcebible que un ministro bloquee a sus adversarios políticos. Es algo muy físico. Levanto un muro y no quiero conversar contigo. Hay que derribar los muros, hay que escuchar al que opina de otras cosas, lo cual nunca es una rendición. Tú puedes tener principios muy firmes y escuchar al otro. De hecho, es más fácil pactar teniendo principios que no teniéndolos.
P. ¿Qué aprendiste de tu paso por el periódico EL MUNDO?
R. Todo. Aprendí lo que era el periodismo y la política. Como me decía Pedrojota Ramírez cuando me fui: «El periodismo es política sin responsabilidad». Que era una boutade, evidentemente. Y luego me hice buenos amigos que conservo hasta el día de hoy.
P. ¿Donde hay más víboras: en una redacción o en el Congreso?
R. Uff. Pues es muy similar, ¿no? Tengo la imagen de la tumba de la primera película de Indiana Jones. Hay muchas en los dos oficios. La vida interna de los partidos y del periodismo siempre es difícil. Porque son oficios con mucho foco y el foco muchas veces quema el cerebro de las personas. Conozco muchos casos de políticos destruidos por la fama. Y en el periodismo también sucede.
P. ¿Tener un título nobiliario te ha perjudicado en política?
R. Yo siempre digo con lo del título que no soy más que nadie, pero tampoco menos que nadie por tenerlo. Y ese menos que nadie va dirigido a esa izquierda, que ha intentado descalificar mis opiniones por ser quien soy, lo que es una cosa muy reaccionaria. Iglesias era un gran reaccionario y, por eso, utilizó mi título.
P. Ellos quieren dar la imagen de que eres una persona clasista.
R. Bueno, no me conocen. Me da igual. Son etiquetas. En política todas las derechas son fascistas, ultras… Si no eres facha, no eres nadie. Llaman facha a Sabina, Serrat, Felipe González, García-Page y a Nicolás Redondo, por supuesto. En fin, cualquiera que discrepe con el proyecto personal de poder de Sánchez es un ultra y un facha.
P. ¿Tiene sentido la aristocracia en estos tiempos que corren?
R. Es un anacronismo benigno: no causa daño a nadie y convive con la democracia. El nacionalismo, en cambio, es un anacronismo maligno: socava la convivencia, rompe los vínculos comunes y frena el progreso. La aristocracia es como un club privado, no es público con lo que no tiene consecuencias públicas. Para mí es un vínculo con mi padre y con Juan de Acuña que hace mucho tiempo mereció ese título, como ahora se lo dan a Luz Casal o a Rafa Nadal.
P. Eres de las pocas políticas que ha roto la disciplina de voto y que se ha rebelado contra la cúpula de su partido.
R. Creo que libertad y la lealtad son compatibles y la discrepancia y la disciplina también. Es decir, yo puedo acatar las decisiones que toma el partido, pero mi voz es mía y tengo derecho a discrepar. No somos una secta ni un ejército de clones sin conciencia. Cada uno de nosotros tenemos opiniones y es sano que podamos expresarlas dentro de los cauces de los partidos. Y cuanto más grande quieras ser como partido y, por tanto, representar a más españoles, más tolerante tienes que ser con la diversidad de opiniones.
P. Y ¿existe realmente esa diversidad?
R. Bueno, en el PSOE a García-Page le negaron el derecho de réplica y lo esperaron como un piquete a las puertas del Comité Federal. Los partidos tienen siempre una difícil relación con la libertad. Yo rompí la disciplina de voto en el reparto de magistrados del Constitucional. Y me negué a votar. El voto era secreto y, cuando llegó el momento, lo dije públicamente y se me abrió un expediente disciplinario. Y recurrí y luego cayó la cúpula entera de la anterior dirección del partido y eso quedó en nada. Yo no hubiera podido votar eso porque he defendido a muerte la independencia del Poder Judicial.
P. ¿Cómo recuerdas aquel enfrentamiento tan duro con el anterior secretario general del PP, Teodoro García Egea?
R. Eso fue un suplicio. Uno año durísimo y muy desagradable. Éstas preparada para la contienda con el adversario, pero no para el apuñalamiento interno. Pero eso ya está olvidado en mi vida y superado.
P. ¿Cuántas veces han decretado tu muerte política?
R. No lo sé. No tengo miedo a la muerte política. Si se acaba esta etapa, yo tengo una vocación a prueba de todo. Soy inasequible al desaliento, como me dijo Gabriel Rufián cuando yo insistía en abrir el Congreso en la época de la pandemia. Soy optimista, luchadora e inasequible al desaliento. Pero si mañana mismo se acaba mi vida política, no pasa nada. Me voy a escribir y a hacer entrevistas como las que hacía en mi época de EL MUNDO con las que disfruté enormemente.
P. ¿A que tiene miedo Cayetana Álvarez de Toledo?
R. Al cinismo, al estar de vuelta, ese veneno que disfraza la rendición de lucidez. Hasta ahora he logrado conjurarlo. Siempre encuentro una razón, aunque sea tenue, para el optimismo. Soy una optimista, sí. Una española esperanzada.

