Los grandes incendios que han llevado a declarar la emergencia nacional en Madrid, Ávila y Toledo, y que han coincidido este fin de semana con otros dos en Castellón y Valencia, demuestran que España se enfrenta a una amenaza estructural, que obliga a actuar al máximo nivel y con todos los recursos de los que debe disponer un Estado moderno. Los daños han sido inmensos: el fuego de Ávila es ya el mayor de la historia de nuestro país, con más de 50.000 hectáreas arrasadas, mientras que el de Madrid ha calcinado otras 25.000 hectáreas y el de Valencia se cobró una víctima mortal el sábado. Casi 170.000 personas han sido confinadas o evacuadas en todas las áreas damnificadas. Madrid y Ávila, donde se han perdido numerosas propiedades y negocios, serán mañana declaradas zonas gravemente afectadas.
Como relatan los efectivos que están combatiendo las llamas, nunca se habían enfrentado a una emergencia de tal magnitud, con incendios que en sus momentos de máxima intensidad son imposibles de extinguir y con miles de personas en peligro ante su rápido avance. La labor está siendo hercúlea y ha logrado proteger del fuego a numerosos afectados. Sin embargo, la excepcional magnitud de la catástrofe no impide constatar que los incendios extremos son ya una realidad a la que España está cada vez más expuesta, como han advertido los expertos y se ha constatado durante los últimos veranos.
Las declaraciones de ayer del Rey Felipe VI, que llamó a la «unidad» de los españoles y pidió a los responsables políticos «dar certeza de que se están empleando todos los medios posibles» para luchar contra la emergencia, corroboran que los incendios son un problema de Estado y que requieren una respuesta a la altura del desafío técnico, social y político que representan.
La información que revelamos hoy sobre el malogrado plan del Gobierno para modernizar sus hidroaviones es reveladora: en 2022 consideraba «urgente» e «imperativo» renovar su flota de hidroaviones, pero cuatro años después ha tenido que cancelar el contrato, debido a problemas en la licitación, sin haber cumplido ese objetivo. Portugal, Grecia e Italia están ayudando con 176 efectivos, 41 vehículos y cuatro aviones, y Turquía enviará otros dos aviones. Esta clase de colaboración es necesaria y normal, pero no puede servir de excusa para que España carezca de los medios que necesita ante una emergencia.
El clima está cambiando con rapidez y los países mediterráneos son especialmente vulnerables a esta transformación, lo que nos obliga a estar prevenidos ante una nueva clase de incendios hasta hace poco desconocidos. Para ello es preciso actuar en varios frentes, desde la gestión del suelo hasta el uso de tecnología puntera, lo que solo podrá lograrse con un liderazgo eficaz del Estado y la cooperación leal entre todos los niveles de la Administración.
