El comandante de la Guardia Civil Javier Valdenebro introduce un código en una cerradura electrónica y luego deja caer su dedo índice de la mano derecha sobre un lector de huellas digitales. Son los pasos previos, imprescindibles, para que se abra ante él una puerta que acaba conduciendo a una sala diáfana, de paredes blancas y limpias, sin decoración, y con una cristalera que arroja luz a la estancia desde un lateral.
Dentro, 14 agentes policiales no quitan ojo a las pantallas de sus ordenadores. Siete de ellos son de origen extranjero. Uno observa fotos captadas a unos narcos durante un seguimiento. Otro, con cascos en los oídos, repasa conversaciones interceptadas a otro traficante de drogas. El de más allá escruta los registros de los viajes y matrículas de coches de un sospechoso que ha volado desde Latinoamérica a Europa de manera frecuente en los últimos meses.
«Estos son mis chicos», dice el comandante. «La élite de la Inteligencia mundial contra el narco reunida aquí, en Madrid, entre estas cuatro paredes. En menos de dos años de vida de este proyecto ya les hemos incautado a los traficantes cerca de 34 toneladas de cocaína por medio mundo. La clave está en la cooperación de los países que formamos parte de esta nueva estrategia de lucha contra el tráfico de drogas a nivel internacional. Compartimos información, cruzamos datos, establecemos nuevas líneas de investigación o reforzamos otras ya en marcha. La confianza que hemos generado entre nosotros es la clave y ya está dando grandes frutos. Además, estamos abiertos a que se incorporen otros países».
El comandante Valdenebro lidera el GDIN, el Global Drug Intelligence Network (en castellano, la Red Mundial de Información sobre Drogas). Este alto mando de la Guardia Civil presentó un proyecto a la Comisión Europea para recibir fondos comunitarios. La propuesta gustó en Bruselas, que financió la idea. Tanto, que la duración inicial del proyecto, dos años, se va a ampliar otros dos más.
El proyecto era sencillo, pero novedoso y arriesgado, ya que los recelos entre policías a la hora de compartir información criminal siempre han estado latentes en la lucha internacional contra el narco. En resumen, se trataba de encerrar, casi bajo llave y en una misma sala, a agentes de Inteligencia contra el tráfico de drogas de seis países lationamericanos (Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Repúblicana Dominicana y Panamá), más dos europeos (España y Portugal). Por un lado, los principales emisores de cocaína del planeta. Por otro, dos de los países por los que más dama blanca se cuela en el viejo continente.
Entre ellos intercambiarían información sensible sobre el narco a nivel mundial, y, a su vez, cada uno de ellos la canalizaría a través de un guardia civil espejo que también forma parte del grupo, que sería quien se encargaría de analizar los datos y establecer conexiones o extraer conclusiones del negocio. A esta serie de países se le sumaría Dubái, que participa en el proyecto GDIN pero no de manera presencial, lo que reduce su grado de implicación. Ese búnker de agentes contra el narco se abrió cuatro meses después de la primera reunión del GDIN. Así, en febrero de 2024 se puso en marcha el Centro de Inteligencia Criminal Antidroga (CICA), al que Crónica accedió el pasado miércoles.
Parte de las 9,8 toneladas de cocaína intervenidas en una operación gracias al GDIN.
La mano derecha del comandante Valdenebro en el GDIN es el teniente David Velázquez. Es el segundo al frente del proyecto, pero quien más encima está de los agentes que trabajan en el CICA. «Ahora llegamos adonde no lo hacíamos hace un par de años. Gracias a la información que compartimos aquí, entendemos mejor el negocio, nos damos cuenta de nuevas rutas o de quién es quién dentro del tablero internacional de la droga, en especial de la cocaína, que es en la que nos hemos centrado», explica Velázquez.
INSPECCIÓN DE CONTENEDORES EN MÁS DE 40 PAÍSES
«Los agentes que vienen aquí son los mejores en sus respectivos países. Vienen muy motivados, por lo que podemos exprimirlos antes de que se vayan y sean relevados por otros», añade el citado teniente. «Gracias al trabajo que estamos haciendo con ellos en coordinación con nuestros propios agentes españoles en el CICA y con los distintos grupos operativos que la Guardia Civil tiene en toda España, hemos conseguido, por ejemplo, inspeccionar contenedores preñados con droga en más de 40 países. Nuestras propias averiguaciones nos llevan a llamar a Taiwán, a Tailandia o a Hong Kong, como ya hemos hecho, y decirles a sus respectivos mando policiales: «Señores, tenemos la casi certeza de que en este contenedor van x miles de kilos de cocaína»».
Uno de esos siete agentes extranjeros que trabajan en el Centro de Inteligencia Criminal Antidroga de la Guardia Civil es una joven costarricense que exige mantenerse en el anonimato para hablar con el reportero. Asegura que si se desvela su identidad, los traficantes de su país podrían matarla a ella o actuar de manera violenta contra su familia.
Lleva 12 años trabajando en la policía antidroga de Costa Rica, país que se ha convertido en lugar preferente de las organizaciones criminales que operan en el negocio de la cocaína para lanzar sus envíos desde sus puertos y costas, pero también como «bodega».
«Desde hace tres o cuatro años, mi país se ha convertido en centro logístico y de almacenaje de la droga durante cierto tiempo. Antes sólo era un lugar de tránsito. Desde entonces, tenemos constancia de que el cártel de Sinaloa tiene presencia allí. Y, muy probablemente, también el cártel de los Soles, aunque no lo tenemos constatado», dice la agente de Costa Rica.
«Gracias a que mi país forma parte del GDIN estamos teniendo grandes avances en materia antinarco. Por ejemplo, en agosto de 2024 se intervino un contenedor con 3.756 kilos de cocaína en el puerto de Setúbal —ciudad costera del centro de Portugal— gracias a una investigación que contó con información obtenida por este grupo».
Agentes de distintos países que se integran en el GDIN o colaboran en sus operaciones.
Su compañero colombiano también accede a hablar. Como ella, pide no desvelar ningún dato que pudiera revelar su identidad. Tiene mujer e hijos, por lo que no sólo pone en riesgo su vida, si no la de ellos también. Se integró en este proyecto tras pasar diez años en el departamento de Inteligencia de la policía de su país.
Cuenta que en Colombia, un agente como él es un trofeo para los narcos. No tienen escrúpulo alguno. Es tal el nivel de violencia allí que, recientemente, las fuerzas policiales han sufrido ataques con drones bomba en helicópteros en zonas de erradicación de plantaciones de hoja de coca.
Este agente sostiene que la integración de Colombia en el GDIN es un acierto: «Mi designación por parte del director general de la policía nacional de Colombia, el general Carlos Triana, se considera una cooperación internacional nunca antes vista, altamente innovadora, única y sin precedentes, puesto que a través de esta red mundial de información sobre drogas se ha logrado una reducción importante del narcotráfico hacia Europa y varios países del mundo», señala. Y añade: «Este intercambio permite combatir como nunca antes el crimen organizado transnacional. También obtener el conocimiento, la identificación de organizaciones criminales nacionales e internacionales, de sus cabecillas y de sus distintos modus operandi para camuflar» la droga.
‘EL TIGRE’, FUGADO EN DUBÁI
Tanto el comandante Valdenebro como el teniente Velázquez coinciden en un nombre y un apodo a la hora de señalar al mayor narcotraficante español que opera en el mundo. Es Alejandro Salgado Vega y responde al mote de el Tigre. Reside desde hace cinco años en Dubái, país convertido en refugio de oro para los traficantes de medio mundo. Para la justicia española, así como para numerosos países del mundo, resulta sumamente complicado que extraditen a un nacional.
«Es un auténtico capo del negocio, tanto por su capacidad de volumen de movimiento de cocaína como por su logística. Tiene sus propios laboratorios de procesamiento en distintos países de Latinoamérica. Eso nos da una idea del poder de este traficante».
¿Y qué pasa con Dubái?, pregunta el reportero. «Sabemos que está allí, donde pasó unos meses en prisión», responde Valdenebro. «Pero que llegue a España, donde está inmerso en varias causas judiciales, no depende de nosotros, sino de los jueces de Dubái. Si no lo extraditan, nosotros no podemos hacer nada».
El precio actual del kilo de cocaína en España ronda, al por mayor, los 14.000 euros. Eso supone que el GDIN, con sus casi 34.000 kilos intervenidos, ha logrado arrebatarle al narco alrededor de 476 millones de euros de ganancias brutas. «Los traficantes ahora están están más temerosos gracias a nuestra cooperación. Sabemos mucho más de ellos que antes», zanja Valdenebro. «Y eso nos da ventaja».


