La presidenta del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos, Nieves Sánchez Guitián, ha señalado que el nuevo terremoto registrado este martes en Granada de magnitud 4,8 y con epicentro en Gójar «entra dentro de lo normal». El sismo se sitúa entre los más intensos desde el comienzo del episodio sísmico el pasado viernes 14 de agosto, junto al temblor de magnitud 5 registrado en la madrugada del sábado 15 de agosto con epicentro en Alhendín.
«Entra dentro de lo normal. Una falla no libera necesariamente toda la energía de golpe, sino que en este caso la va liberando en un periodo más prolongado y de forma sucesiva. Está claro que es el mismo sitio, la misma falla y la misma zona geológicamente hablando. Esa tensión acumulada se va liberando progresivamente, lo cual es positivo porque reduce la gravedad de los daños», ha explicado.
A su juicio, resulta prioritario revisar cuanto antes el estado de los inmuebles que ya hubieran sufrido desperfectos en los primeros temblores, advirtiendo de que cualquier grieta previa podría agravarse: «Es fundamental evaluar esas estructuras con rapidez para calibrar hasta qué punto eventuales réplicas de menor intensidad pudieran comprometer aún más su estabilidad».
El origen geológico y el registro histórico
Por su parte, Pablo G. Silva Barroso, del Departamento de Geología de la Universidad de Salamanca, explica que la Vega de Granada es una depresión tectónica con un largo historial de sismicidad, desde el terremoto de Santa Fe en 1431 (que causó graves daños en la Alhambra) hasta eventos destructivos como los de Pinos Puente (1806; M 5,3), Albolote (1956; M 5,0) o el enjambre sísmico de 2021 (M 4,5) que sacudió Atarfe, Santa Fe y Pinos Puente.
Esta alta actividad sísmica se debe a que la región se ubica en la Cordillera Bética, en plena zona de colisión entre las placas Africana y Euroasiática (con una convergencia de 2-4 mm/año). Al situarse en la falda de Sierra Nevada, el macizo montañoso más alto de la Península, el relieve continúa elevándose a un ritmo de hasta 1 mm/año. Este proceso geológico no es continuo ni silencioso, sino que avanza «terremoto a terremoto»: cada sismo de magnitud entre 4,5 y 5,5 genera desplazamientos en profundidad que elevan ligeramente la sierra y hunden la Vega unos milímetros, por lo que la zona seguirá experimentando temblores de forma periódica.
