Quienes vienen a ver a León XIV se mezclan con quienes se lo van a encontrar. Primer fin de semana de junio, tiempo primaveral y decenas de miles de personas pateando el centro de Madrid mientras el Papa da los primeros pasos de su viaje a España en el kilómetro cero de la capital. Ahí, entre la Puerta del Sol, Plaza Mayor y Cibeles comienzan a congregarse los peregrinos, que aprovechan el sábado antes de enfilar las grandes avenidas hacia la vigilia de la tarde en Lima y la gran misa en Cibeles del domingo.
La euforia papal se siente ya en el corazón de Madrid. Un grupo de peregrinos malagueños pone ritmo a la Puerta del Sol con sus guitarras al son del Porrompompón de Manolo Escobar. Turistas y curiosos se suman a la fiesta, que termina con el cántico que, 15 años después, vuelve a tomar las calles de la capital: «Esta es la juventud del Papa».
No lejos de allí, otro grupo procedente de Granada, ataviados con la equipación oficial del viaje, un polo blanco con el emblema de la visita y el lema Alzad la mirada, se fotografía en una Plaza Mayor abarrotada de peregrinos y turistas. Los grupos de visitas guiadas fotografían los balcones y hasta los autobuses de la EMT, que circulan con las banderas de España y el Vaticano.
En la calle Mayor, el gentío saca de golpe sus móviles cuando se activan las sirenas que indican que una comitiva se acerca. Gritos y tensión, pero no es el Papa, aunque no está lejos de allí. Uno de los buses que traslada a los periodistas desde el Palacio Real se abre paso entre la multitud con destino a la Real Casa de Correos, sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, que acoge el Centro Internacional de Prensa. En la esquina contraria al palacio, un rosario improvisado reza «por la salvación de España y por la visita de España».
La emoción por la visita de León XIV se contagia incluso entre aquellos que no tenían previsto acudir a las celebraciones. «¿Sabéis en qué hotel se va a quedar?», preguntan dos chicas desde la puerta del Four Seasons, una de las aceras más lujosas de la capital. La pregunta se queda sin respuesta por parte de sus interlocutores. León XIV se alojará lejos de allí, en la Nunciatura Apostólica, en la avenida de Pío XII.
Si uno encara desde el entorno de Sevilla el último tramo de Gran Vía y su fusión con la calle Alcalá verá un mar de vallas metálicas, torres para cámaras, pantallas gigantes y un órgano poniendo a prueba los altavoces que mañana convertirán el centro de Madrid en el escenario de una misa histórica, con la presencia esperada de cientos de miles de fieles.
No obstante, pocos se acercan en estos momentos al altar principal, que ya está preparado. La orquesta ensaya, los cámaras de la realización oficial simulan sus tomas y decenas de turistas fotografían el dispositivo de seguridad. Pero nadie hace fila de momento o coge sitio de cara a la celebración, cuyo acceso requerirá de un código QR para llegar hasta cada sector. Primero será el turno de la vigilia de esta tarde y de ahí, ya de madrugada, muchos no dormirán y harán de la Castellana su pasilllo nocturno hasta la misa con León XIV, a las diez de mañana, en Cibeles.

