Nayib Bukele ya tiene el camino libre para perpetuarse en el poder y continuar con su particular guerra contra las pandillas que tantos réditos políticos le ha dado. La Asamblea Legislativa, monopolizada por su partido, Nuevas Ideas, dio este jueves el último zarpazo para garantizar que su máximo líder continúe presidiendosine die el país conocido como el pulgarcito de América. La reforma de varios artículos de la Constitución posibilitará su reelección indefinida en caso de volver a presentarse y ganar las elecciones, tal como hizo en febrero del pasado año. Bukele se ha erigido como el único capaz de acabar con la violencia endémica de las pandillas que ha provocado decenas de miles de muertos en las últimas décadas.
Además, cuenta con el visto bueno de la población. Ocho de cada diez lo apoyan, pese a que organizaciones de derechos humanos y periodistas independientes han denunciado que su mano dura ha provocado cientos de muertes en las cárceles, miles de detenciones arbitrarias y una falta de libertad en el país centroamericano de poco más de 6 millones de habitantes. Mientras ponía en marcha medidas para sacar la violencia de las pandillas de las calles, el presidente salvadoreño ha ido aglutinando cada vez más poder, hasta lograr el control absoluto de la Asamblea Legislativa y el Poder Judicial.
Los únicos contrapesos que ha encontrado en el camino han sido periodistas y defensores de derechos humanos, quienes están en el punto de mira de Bukele. Ello ha provocado en los últimos meses una huida masiva de muchas personas críticas con su Gobierno, quienes se ven abocadas a elegir entre el exilio o acabar en la cárcel.
Se calcula que, en los últimos cinco años, hay al menos 130 personas de El Salvador en condición de exilio, mientras que solo en los últimos tres meses se han registrado 80 personas entre periodistas, abogados, sindicalistas y defensoras de derechos humanos.
Todo ello bajo un régimen de excepción que se perpetúa desde marzo de 2022 y que no tiene visos de que la Asamblea Legislativa le ponga fin, dado que mensualmente aprueba la prórroga de esta medida, bajo la cual se detuvieron a más de 85.000 personas, acusadas de pertenecer o colaborar con las pandillas.
La última víctima visible de la política represiva de Bukele ha sido la organización Cristosal que ha investigado casos de corrupción y que se ha exiliado ante el «acoso», de la «dictadura» en El Salvador.
Desde que asumió el poder por un segundo mandato consecutivo en junio del pasado año, Bukele ha perseguido y hostigado a quien ponga en entredicho su ‘guerra contra las pandillas’.
BUENA RELACIÓN CON EEUU
Durante su primera legislatura que comenzó en 2019, Bukele arremetió con dureza contra la comunidad internacional que cuestionaba la destitución de los magistrados de la Sala de lo Constitucional y del entonces fiscal General para nombrar a personas ad hoc que no fueran herencia de los anteriores gobiernos de Arena y FMLN.
Su relación con EEUU se distanció tanto que incluso la entonces encargada de negocios de la Embajada de ese país, Jean Manes, decidió dejar El Salvador en 2021, debido a la falta de voluntad de diálogo del Gobierno de Bukele con la Administración Biden. Sin embargo, sus relaciones con el norte mejoraron con la llegada al poder de Donald Trump, siendo el primer mandatario latinoamericano que le visitó en la Casa Blanca. Esta semana Bukele condecoró al embajador de EEUU en ese país, William Duncan, quien abandona su cargo tras más de dos años de misión. El presidente le ensalzó asegurando que ambos «fueron arreglando la relación» entre los dos países.
Bukele sabe que cuenta con el respaldo del presidente de EEUU, Donald Trump, tras encerrar en el CECOT a 252 venezolanos deportados y acusados de crímenes sin pruebas. Tras ser liberados, los prisioneros denuncian haber sufrido torturas. Nada de todo esto hace mella en Bukele, quien ya dijo el pasado mes de junio que le tiene sin cuidado que los medios o la comunidad internacional le llamen «dictador».
